¡Confía en la infinita sabiduría de Dios!
Imagina esto: Vamos por una avenida y de repente se abren dos caminos. A un lado debemos confiar en nuestra propia sabiduría y capacidad. Es una carretera imponente. Es ancha y prometedora, pues nuestro destino parece estar en nuestras manos. Sin embargo, si observamos detenidamente, vemos a la distancia barreras peligrosas, cruces laberínticos y bifurcaciones que no sabemos a dónde conducen. El otro es un camino angosto con una pendiente pronunciada al comienzo, pero se puede ver belleza y continuidad a lo lejos, sin ramificaciones ni desvíos. Animarse por este camino requiere un salto de fe. Este es el camino de la confianza en Dios. Avanzar por aquí, requiere coraje y determinación. Es un camino que está pavimentado del amor, la guía y la sabiduría de Dios. ¡Qué contraste tan claro! ¿No? La sabiduría humana es temporal, limitada, pero la sabiduría de Dios es infinita, eterna. Este pasaje no propone que dejemos de pensar o planificar, pero nos exhorta a hacerlo en completa dependencia de Dios. Después de todo, es el Creador del universo, el sustentador de todo lo que existe. Este versículo también es un recordatorio de que la confianza en Dios es un proceso continuo. No es algo que hagamos una vez y luego nos olvidemos. Es un camino que recorremos día a día, momento a momento. Es importante entender que confiar en Dios no significa ignorar nuestras responsabilidades o tomar decisiones irresponsables. Más bien, se trata de buscar su dirección, su voluntad y su guía en todas las áreas de nuestra vida. Cuando confiamos plenamente en Dios, nos liberamos del peso de tomar decisiones basadas únicamente en nuestra propia prudencia y conocimiento, para apoyamos en la sabiduría infinita y el cuidado amoroso de nuestro Padre celestial.

