¡Encuentra motivación en todo lo que haces!

Quizá sientes que no recibes todo el reconocimiento que mereces. Quizá te parezca que tus labores en sí mismas son insignificantes o aburridas. Quizá crees que tus acciones tienen poca repercusión en el mundo. Justamente allí está la trampa. Cuando hacemos las cosas para obtener reconocimiento o recompensa en el mundo, dependemos de la aprobación y el éxito de nuestras acciones en el mundo. En otras palabras, estamos a merced de las reglas del mundo. ¿Te has dado cuenta cuántas veces al día hacemos las cosas para recibir el aplauso de los demás? Las reglas del mundo están regidas bajo la vanidad, la competencia, la avaricia y un sinfín de antivalores que no condicen con la vida cristiana. Esta forma de vida deprime el alma y contamina el espíritu. Por otro lado, cuando hacemos las cosas «como para el Señor», nuestra actitud y nuestro espíritu son diferentes. No estamos motivados por el ego o el orgullo, sino por el amor y la gratitud hacia Dios. Cuando hacemos las cosas para agradar a Dios, estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros, a esforzarnos al máximo, a ser fieles y diligentes en todo lo que hacemos. No importa si estamos barriendo el suelo, vendiendo ropas, escribiendo un informe, cuidando a los niños o predicando el Evangelio, todo lo hacemos con excelencia y pasión porque lo hacemos para Dios. Es claro que esto cambia nuestra perspectiva sobre el éxito y el reconocimiento. Con esta actitud, ya no dependemos de la aprobación de los demás para sentirnos valorados. Sabemos que nuestro valor y nuestro éxito están en manos de Dios. Eso nos brinda una profunda paz y alegría. Y adivina qué… ¡Encontramos motivación en todo lo que hacemos!

¡Encuentra la salvación!

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Apocalipsis 3:20